Bren, la de los helechos

Cuando yo tenía ochos años quería ser bruja o científica, lo que llegara primero. Ahora veo que una profesión no es tan diferente de la otra. Entras a un laboratorio y con unas varitas mágicas (micropipetas) tomas ciertos líquidos, en cantidades tan pequeñas que cualquier otra persona aseguraría que son invisibles. Una vez que tienes esa micro-gota de líquido mágico y probablemente más caro que todo lo que llevas puesto, lo colocas en una máquina mágica para que haga cosas que tampoco puedes ver. Al igual que en una escuela de magia, dentro de un laboratorio aprendes ciertos trucos, como correr tus análisis con Beagle pa’ que todo sea más rápido o armar un archivo .log para que puedas regresar al pasado y corregir el error, o el truco de guardar_todos_tus_archivos_asi_para_que_no_exista_problema_2020.

No sé por qué quería ser científica, creo que para poder ahorrar energía sin que mi familia se enojara, tal vez con un papel que acreditara mis conocimientos, mi familia por fin tomaría en serio mis advertencias sobre el cambio climático y la importancia de una sociedad sostenible. Los adultos siempre subestimamos a los pequeños futurólogos. A esa edad todo era:

  1. Brenda, aún sigo lavando las verduras ¡¡¡No le cierres al agua!!!
  2. ¡¡¡Brenda!!! sigo ocupando la luz ¡¡Enciéndela!!
  3. Brenda sólo me levanté al baño ¿Por qué apagaste la tele?

A pesar de que yo era un As para apagar, desconectar, cerrar y reutilizar cosas, la profesión de ser bruja me atraía más. Cuando llegaba de la escuela veía “La bruja desastrosa” y era maravilloso imaginar que podía hacer pociones, hechizos y volar. Disfrutaba cada uno de los episodios y al terminar iba al patio para instalar todo mi laboratorio de pociones y ponía manos a la obra para hacer cualquier mezcla que pudiera ser “útil”. Sin embargo, al final me obligaban a tirar todo, mi familia nunca aprobó este sueño.

La bruja desastrosa. Serie transmitida de 1998 hasta 2001

En vista de que a mis 10 años aún no tenía mi futuro resuelto, era imperioso que tomara las riendas de mi vida. Mis habilidades Wicc..quicas parecían ser nulas, y aún no obtenía una respuesta satisfactoria de las oficinas de Bizbirije, por lo tanto decidí buscar otros horizontes, más posibles, fáciles y a corto plazo; estaba decidido, implementaría el plan C, C de Ciencia, decidí ser científica.

Durante mis clases imaginarias en la “Academia de embrujos y hechicería de la Srta. Cackle” me dí cuenta que la clase de pociones era mi favorita, así que, naturalmente para mi carrera científica tenía que encontrar algo relacionado con las plantas…descubrí la botánica.

Pero yo no contaba con que dentro de la botánica existe una amplia variedad de campos de investigación: que si la fitoquímica, que si la embriología, que si la etnobotánica, que si la fitopatología, que si la evolución, que si la ecología; y además de eso, está que si lo quieres estudiar en musgos, que si en los helechos, que si en las angiospermas (plantas con flor)… Es un universo de posibilidades, porque además ¡puedes combinar todo eso! y en realidad lo mejor es integrar varias cosas.

Del dicho al hecho, hay un helecho

Tomé mi primer curso formal de botánica y aprendí cosas maravillosas, por ejemplo: ¿Cómo se comunican las células? ¿Cómo obtienen energía las plantas? ¿Por qué algunas plantas viven cientos y cientos de años? y más cosas deslumbrantes de las que espero escribir muy pronto. Sin embargo, algo me faltaba porque nada de eso me llenaba el corazón. Para mi segundo curso de botánica, decidí meter el grupo en el que los dos profesores se llamaban Felipe. Definitivamente el grupo 5626 fue la mejor opción, un grupo a las 7 de la noche con solo once alumnos. Yo esperaba que este curso fuera algo similar a mi anterior curso de botánica, pero en la primera clase me dí cuenta que todo era nuevo, emocionante y sorprendente.

La primera clase empezó con los musgos, me explotó la cabeza cuando me enteré que no cuentan con un sistema vascular, ni con hojas. Para mi, TODAS las plantas tienen hojas, pero ¡no! los musgos no las tienen, en su lugar cuentan con unas estructuras llamadas filidios, y como sistema de distribución de agua y de metabolitos tienen grupos de células que forman hidroides y leptoides, respectivamente. La clase continuaba y los datos impactantes seguían y seguían, salí de esa clase con la mejor sensación que había experimentado en toda la carrera. Llegó el laboratorio y bajo el microscopio vimos musgos y sencillamente… me enamoré de estas plantas.

Foto:Perry (Eduardo Angeles)

Yo creía que por fin había encontrado algo que me emocionaba lo suficiente como para decir “Soy una botánica que se dedica al estudio de los musgos”, pero no, antes de que pudiera terminar esa frase, llegó la clase de ¡Helechos! Y en ese momento descubrí que lo más hermoso que yo había visto en mi vida era la hoja de un helecho.

Comencé a leer mucho sobre ellos y durante todo el tiempo que duraba la clase mi atención solo se centraba en lo que el profesor tenía para contar sobre los helechos. No tardé en ser “la morra de los plumones”. En la práctica de campo fui esa alumna que se la pasa persiguiendo al profesor haciéndole preguntas, recuerdo con mucho cariño y emoción que fui la encargada de la brújula y el altímetro. Sin duda, esa fue mi mejor práctica de campo.

Foto: Perry (Eduardo Angeles). En la boca cargo una bolsa siplock con muestras de musgos y algunos helechos epífitos.

Evolución de genes

Se acercaba el final de la carrera y yo tenía que elegir un tema de tesis. Para ese momento de mi vida, yo tenía claro que necesitaba aprender más de los helechos, y justo cuando estaba decidiendo mi futuro, se manifestó toda la magia que nunca tuve a los 8 años; me llegó un correo electrónico en donde ¡¡¡la Dra. Alejandra Vasco!!! Estaba buscando a un estudiante para realizar una tesis con helechos, a nivel licenciatura en el Instituto de Biología de la UNAM. De inmediato respondí el correo y agendé una cita con ella. Desde ese momento empezó una de las mejores experiencias de mi vida.

Los dos años siguientes me dediqué a estudiar la evolución de un grupo de genes en el linaje (grupo) de los helechos. Estos genes son conocidos como ARP y sabemos que están involucrados en el desarrollo de hojas. Sin embargo, a pesar de su importancia, no sabíamos si estaban presentes en los helechos. En ese momento me convertí en detective y mi trabajo era buscarle la pista a esos genes en este grupo de plantas. Todo parecía indicar que con medio año de trabajo detectivesco en algunos bancos de datos de transcriptomas y genomas íbamos a encontrar copias homólogas.

Pero… la vida es más compleja de lo que parece; después de buscar de aquí a allá, debajo de las piedras y del mar… las filogenias indicaban que ¡¡¡¡los genes ARP están ausentes en los helechos!!!! Este resultado es muy importante, ya que abre nuevas preguntas acerca del desarrollo de las hojas en helechos: en ausencia de estos genes, ¿Cómo se diferencian los meristemos? Existen otros genes involucrados en el desarrollo de las hojas exclusivos a las plantas con flor? Los genes ARP se perdieron en los helechos o fueron adquiridos independientemente en los linajes de plantas que si los presentan?

Con este importante avance en el conocimiento de la evolución de las hojas y gracias a mucho esfuerzo de mi familia, mis asesoras y mío, logré obtener el título de Bióloga ¡Ya soy colega de Darwin!

¿Y ahora qué?

Actualmente me encuentro haciendo la maestría en ciencias biológicas en el Instituto de Biología de la UNAM. Continuo haciendo cosas de evolución de hojas, esta vez es en un género de plantas llamado Ipomoea. Mi investigación se enfoca principalmente en entender cómo ha evolucionado la forma de la hoja en este grupo que cuenta con una diversidad foliar impresionante.

Mi sueño de ser bruja empezó a los seis años, veinte años después me doy cuenta que no soy Mildred de embrollo, pero entrar al laboratorio, mirar por un microscopio, buscar plantas en el herbario o pasarme horas alineando secuencias y viendo por qué el script no corre, me causa la misma felicidad que tenía cuando soñaba con ser bruja.

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